Comentario homiletico 17/11/18

Lc 18,1 -8
La parabola de Jesus inivitandonos a no desanimarnos al pedir a Dios algo en la oracion y ser insistentes pq vamos a conseguir algo implica q Jesus cree profundamente en el poder de la fe. Habla de la viuda q pide justicia a un juez inicuo q «ni teme a Dios ni hace caso de los hombres» y por su tenacidad logra q le haga justicia aunque no fuera por bondad sino para q se calle. Y así concluye q ¿como no va a concederle el Padre Dios de inmediato lo q le pide? El simple hecho de pedir nos revela q necesitamos y q creemos q pidiendo eso algo podremos lograr. Claro q si lo q pedimos es dificil de lograr hara falta ubicar a la persona capaz de q nos conceda lo q pedimos y q quiera hacernos ese favor.
En la fe q Jesus supone q hemos de poner al pedir algo a Dios entran tres factores importantes 1. Una fe «dispuesta a todo» para conseguir lo q se necesita 2. una fe en el poder de Dios para quien «nada hay imposible» y 3. confianza de q me lo va a querer conceder.
Esa es la fe q pide Jesus al q ora al Padre. Pero tomemos nota de cómo termina Jesus esta parábola diciendo: cuando venga el Hijo del hombre ¿encontrará en el mundo esa fe?
Pareciera q el ingente volunen de técnicas solucionadoras de problemas va a hacer innecesario el recurso a Dios.
Y algo de esto va ocurriendo. El hombre de hoy necesita menos a Dios como «solucionador de problemas» ya q por suerte y prevision humana nuestras sociedades van aplicando su saber para solucionarlos. Hay recursos de sobra aunq nuestra sabiduria ha destacado en desarrollarlos pero no en distribuirlos y por eso las masas humanas emigran en busca del «maná» conocido pero no probado.
Quiźas estamos ahora mas cerca de pedir a Dios el gran milagro q hoy mas necesitamos: q queramos distribuir los bienes mejor. Necesitamos hablar al corazon del hombre pq el mal está en la raiz del hombre. En su corazon. El corazon colapsa cuando no aspira a dar sino a recibir. Y el dar es obra del Espiritu . El es nuestra mayor necesidad.

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