Mt 7, 15-20
En Mt 7, 15-20 Jesús nos previene: «cuidado con los falsos profetas; se acercan con piel de oveja, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis»
Otra vez nos enfrentamos con el tema de las motivaciones profundas del actuar humano. Y sabemos que en los terrenos del poder político o religioso los candidatos pueden tener motivaciones aceptables: mejorar el entorno social, educar en el bien, actuar para lograr ser felices, luchar para que disminuya la violencia, el sufrimiento y humillación que sufren muchos seres humanos etc… pero también los hay  con motivaciones no tan santas como medrar, adquirir fama, hacer dinero, dominar a otros… en definitiva, personas que buscan servirse del cargo más que servir altruistamente a los demás. Y esto ocurre con frecuencia en todos los sectores y también el religioso.
Con todo, es curioso que Jesús no se fija tanto en los profetas que propagan «errores» doctrinales (y de ellos hubo muchos en el principio del cristianismo: gnósticos, maniqueos, montanistas, etc.), sino en los que buscan su propio provecho y con este fin incurren en toda suerte de maldades: engaño, extorsión, robo, maledicencia, calumnia, difamación, etc…
Aquí Jesús dispone como prevención que veamos los frutos de estas obras.
Si con la propia conducta estamos contagiando armonía, bienestar, alegría, paz, ganas de vivir, sosiego … se está ejerciendo bien la labor pastoral, política o educativa. Si por el contrario estamos contagiando un clima insoportable con malestar, tensiones, atropellos, violencia… eso mismo está detectando que nuestro obrar no es según Dios quiere, aunque tengamos los mejores pensamientos o sentimientos (muchas veces nuestras obras no son coherentes con lo que pensamos).
Y es que para Jesús la verdad y bondad con que se vive se mostrará, por último, en el yunque de las obras. Aquello de nuestro viejo refrán:» obras son amores y no buenas razones».

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