Comentario homiletico

Mt 9,27-31–
Bon dia i ocasió per a profunditzar en el misteri de la fe. Dos ciegos van tras Jesús gritando: «ten compasión de nosotros Hijo de David». Jesús les pregunta: «¿creéis que puedo hacerlo?»  y le contestan: «Sí, Señor» y Jesús les toca los ojos diciendo: «que os suceda conforme a vuestra fe”. Y se les abrieron los ojos.
Aquí Jesús nos relaciona fe y salud. El milagro o curación tan habitual en la vida de Jesús no se realiza sin el concurso de la fe del enfermo y más aún parece insinuar que el poder de sanación está más en la propia fe que en Jesús o en Dios.
Esto nos lleva a pensar en el efecto placebo: aplicar una medicina que es pura agua -por ejemplo- y te cura o en la visita a un famoso médico y sentirse mejor antes de recibir tratamiento, etc.
Son estos y otros muchos más casos los que la ciencia hoy nos relata para hacer ver el poder de la mente en la curación. Y ello sin hablar de fenómenos de hipnosis o de sugestión que nos dejan perplejos.
La fe de estos ciegos tiene muchas cosas en común con los fenómenos de la mente que apenas enumeramos: los ciegos admiran al maestro, pierden todo miedo social y su profunda necesidad la gritan al mundo y a Jesús. Están seguros de que Jesús puede curarlos y va a curarlos. Y entonces… lo que se ha anhelado con toda el alma y con todo su ser ..ocurre y no sólo el milagro material sino la presencia de «fuerza de Dios» en el propio acto de fe cuando el que clama a Dios o al milagro lo hace con tal coraje.
En el fondo toda actuación humana la hacemos y requiere de fe y confianza  o se convierte en un actuar maquinal y sin alma.
Y por ello mismo invocar a Dios y convocar toda nuestra fuerza espiritual para el vivir diario es una gran oportunidad para hacer de cada minuto un minuto de gracia.

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