Comentario homiletico

En el texto de Mt 7,21.24-27 Jesús está diciendo que «no todo el que me dice ¡Señor,Señor¡, entrará en el Reino de los Cielos sino el que cumple la voluntad de mi Padre». Y dice también que “edifica su casa sobre roca, el que escucha su palabra y la lleva a la práctica».
Nuestros clásicos sintetizaron magistralmente este loguion de Jesús con la expresión » a Dios rogando y con el mazo dando». Y así se entendía muy bien que no basta con solo orar a Dios ni sólo actuar sin contar con Dios. Hacen falta una cosa y la otra.
Y aqui notamos un importante déficit de conciencia social para valorar desde esta óptica lo que nos ocurre hoy. La búsqueda de eficacia y resultados en la acción personal y social entre otros factores- ha hecho que el valor de la invocación de Dios y en definitiva de la practica de la fe, haya quedado reducida o muy mermada. El recurso tan oido » no tengo tiempo» disfraza mal la minusvaloracion social en que ha caído la práctica de la fe. (Y habría que analizar si la crisis es de invocación de Dios o de la valoración subjetiva de esas prácticas religiosas para contactar con Dios que es lo que en definitiva se busca).
Como fuere, lo que no cabe olvidar es que el hombre de hoy pasa «hambre de sentido último de las cosas». Nuestra mente o más aun nuestro yo, parece que no se conforma con simples motivaciones como las económicas o sobrevivir como sea y obedecer a un imperativo existencial carente de sentido. A largo plazo el accionar del hombre «sin invocación» parece desembocar en lo que hoy tanto se lamenta: «se han perdido los valores».
Y mientras tanto la pandemia llama a nuestras puertas. Y recurrimos a la unión. Y recurrimos a la ciencia. Y urgimos a los laboratorios a solucionar el mas grave problema de los últimos tiempos. Y el hombre de hoy se polariza en dos tendencias contrapuestas. Los que solo invocan a Dios y los que solo esperan en la ciencia..y se va apuntando una tercera opción :la que nace de la unión de invocación y ciencia.

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