Lc 6,27-38 «A los que me escucháis os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os injurian. Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, déjale también la túnica..»   
Probad a hacer cuanto va diciendo Jesús en este evangelio que es de los más sublimes de Jesús. Ahí es el punto en que se tocan lo humano y lo divino o donde en la entraña de lo humano se percibe – por fin ¡¡ la claraboya de lo divino. Pero si probáis a hacerlo lo más seguro es que los «listos» de este mundo os llamen «tontos o locos». Pero así es como actuaba nuestro Maestro Jesús: el Dios que se hizo hombre para alumbrar la divinidad en las más profundas entrañas de la humanidad. Ahí es donde lo más divino e imperceptible (a Dios no podemos verlo los humanos) se ha hecho visible. Ese es el mayor milagro obra del más grande Amor que es Dios. Pero si probáis y no «os nace» hacerlo, mirad si no os falta haber vivido una experiencia importante y previa: la de haber experimentado el perdón de Dios en la confesión. Sin ella la palabra perdón no es creíble.( Col3,12-17) «El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo»

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