Lc 8,4-15
Acostumbramos a echar las culpas y pedir responsabilidades al que anuncia o predica la palabra en este caso los pobres curas que ya tienen bastante con sobrevivir en un mundo de topos que está montando un mundo virtual para huir del mundo real porque no le gusta o no lo puede domesticar.
Pero el sembrador de La Palabra es Jesús. El profeta en obras y palabras. El que habla con autoridad propia y todo se le somete. De parte nuestra lo que cabe y hay que hacer es abrir los sentidos y ver. Es posible que en mi vida haya piedras y que vea el mundo como un improductivo pedregal. Pero el que hizo la piedra puede deshacerla y convertirla en fértil tierra. Y si tengo espinas en mi historia y socavones y zarzas y veo en mi un irrecuperable erial , también vemos al portador de la Palabra que con ella iguala y limpia y purifica con el fuego y da vida y sana dejando que de nuevo aflore lo bueno que aún hay en nosotros .
Debiéramos recordar hoy cuantos nos sentimos tentados a pensar que el mundo no tiene solución, y que hay que buscar refugio en el vivir y pasarlo bien, que la sanación de muchos males es posible, que en la palabra del profeta hay vida superior capaz de elevar nuestra pobre vida a mejor condición. Pero lo eficacia de la palabra empieza cuando la tierra se humilla, y acepta ser arada y desbrozada, y reconoce que el primer trabajo que necesita para dar fruto empieza con su propia liberación.

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