22/04/2022

Jn 21,1-14 y Hec 4,1-12
En el evangelio de Juan es donde se nos da la clave del éxito en la pesca milagrosa y del poder de los apóstoles. Es la fe hecha confianza absoluta en Jesús. Por ella se llenan de esperanza y ven posible lo que parece imposible. Es el encuentro con el Resucitado. Los apóstoles que en vida de Jesús jamás le entendieron, ahora ya resucitado, sintonizan mejor con El. El Reino de Jesús es muy “otra cosa” que enfervoriza y trasciende fronteras. Y parece que el que se pone a trabajar por Él y “en su nombre” puede alcanzar grandes cosas. Es la esperanza “viva” que no se alimenta de aprender a movernos con una orientación optimista, -una técnica psicologica al fin-, sino que es esa esperanza que decimos que es “lo último que se pierde” solo que nunca ya se pierde, sino que permanece viva y todas las esperas aguanta y trasciende. Y es que la esperanza que nace del resucitado pasa a ser nuestra piedra angular.
Hay otra palabra clave sacada del argot de la psicologia y que pretende dar cuenta de esa capacidad para afrontar dificultades y que marca diferencias entre personas :es la “resiliencia” que empezó a ponerse de moda cuando desde las ventanas cantabamos “resistiré”. Y hemos de decir que otra vez más nos pueden servir las técnicas psicológicas para manejar bien las situaciones difíciles con la práctica de conductas adecuadas para gobernar el miedo , la ansiedad ,el stres etc pero sobre todo la clave cristiana está en descubrir la razón última de la esperanza que reside en la caridad que al decir de Pablo “cree sin límites, espera sin limites y aguanta sin limites”porque nace del encuentro con el resucitado que da consistencia a la fe.1Cor 12,31 Es la capacidad de ahondar con la fe en el dolor para convertirlo por la oblación a Dios en sufrimiento “con-sentido”.
Así hizo Jesús asumiendo el dolor de su Pasión a través de aquella oración que bien podemos hacer nuestra en estos momentos dificiles de olas de pandemias y guerras im-parables: ” Padre, si es posible pase de mi este cáliz pero no se haga mi voluntad sino la tuya”.Lc,22,42

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